Cada vino se traduce en música: timbre, textura, armonía, ritmo, tensión, reposo…
Sumiller y Músicos serán los protagonistas que narrarán esta experiencia.
El público no “recibe información”: aprende a escuchar el vino y degustar la música.
Hay un juego mental y sensorial que engancha mucho más que una explicación tradicional.